Lo analógico

Si bien la tecnología binaria o digital define como ya viene haciendo desde hace varias décadas el apropiado devenir de la comunicación, conviene que, aun suponiendo como supone esto una obsolescencia de lo analógico, no se deje de lado como en definitiva no se puede dejar la cierta importancia que lo analógico, de nuevo y en concreto en lo comunicativo, no debe perder sobre todo por su buena función de conservación documental. Entre lo analógico y lo digital se da, pues, un importante vuelco cuantitativo.

En el aspecto cualitativo, y a nivel del gran público consumidor, no parece haber estado muy claro desde el principio que lo digital superase lo analógico y, probablemente en parte por lo menos por eso, ha sido hasta hace relativamente poco que cuantitativamente lo analógico ha seguido primando no en pocos ámbitos de la producción y la difusión comunicativas. La extrema volatilidad en la conservación de lo digital cuando no aplicamos una seria custodia yace con total seguridad en la, ahora a lo sumo minoritaria según parece, percepción de que cualitativamente lo digital es inferior a lo analógico. Una pieza analógica, al ser, en efecto, menos o en absoluto virtual, puede resultar en sí más complicada de perder o destruir; pero lo digital convenientemente custodiado ofrece muchas más ventajas.

Desde que lo digital es además telemático y dispones de capacidad de almacenaje en la nube, esta tecnología ha superado aún más a la analógica en conservación y custodia. A lo analógico le es posible, y conveniente, justo por esto no tener que producir tanto ni, de ahí, tener que provocar tanto impacto nocivo medioambiental por la necesidad de transformar recursos en tal producción.

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